Etiología, epidemiología y anatomía patológica     Síntomas y signos     Diagnóstico     Profilaxis, pronóstico y tratamiento  

 

Síntomas y signos

La enfermedad comienza de forma súbita de 1 a 10 d (habitualmente 2 a 4 d) tras el contagio, con cefalea, escalofríos, náuseas, vómitos, fiebre de 39,5 a 40 °C y prostración intensa. Aparece debilidad extrema, escalofríos recurrentes y sudación profusa. Al cabo de 24 a 48 h se observa una pápula inflamada en el punto de infección (dedo de la mano, brazo, ojo o paladar), excepto en la tularemia glandular y en la tifoidea. La pápula se convierte con rapidez en pústula y se ulcera para originar un cráter ulceroso limpio con escaso exudado fluido e incoloro. Las úlceras suelen ser únicas en las extremidades, pero múltiples en la boca o el ojo. Habitualmente sólo se afecta un ojo. Los ganglios linfáticos regionales aumentan de tamaño y pueden supurar y originar drenaje profuso. Hacia el quinto día es frecuente un estado seudotífico y pueden aparecer signos de neumonía atípica, con manifestaciones similares a las de otras neumonías (v. cap. 73 ). La neumonía tularémica puede cursar con delirio. Aunque los signos de consolidación son frecuentes, la disminución del murmullo vesicular y algunos estertores pueden constituir los únicos signos en esta forma de neumonía. La tos seca, sin expectoración, se asocia con sensación de ardor retroesternal. Es posible la aparición de un exantema inespecífico en forma de roséola en cualquier fase de la enfermedad. La leucocitosis resulta común, pero el recuento de leucocitos puede ser normal, con sólo un aumento del porcentaje de polimorfonucleares. En ausencia de tratamiento, la temperatura permanece elevada durante 3 o 4 sem y después cede de modo gradual. La mediastinitis, los abscesos pulmonares y la meningitis son complicaciones raras.

(c) Manual MERCK. Manual para médicos y estudiantes.