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Puntos clave:
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Vacunación -- Fármacos antivíricos -]

 

Profilaxis

La exposición al virus de la gripe por infección o vacunación conduce a resistencia temporal contra la reinfección por el mismo tipo de virus.

Volver a puntos clave    Vacunación. Las vacunas preparadas con las cepas prevalentes de virus influenza reducen la incidencia de infección entre los vacunados, cuando la HA y/o la NA son iguales en la cepa de la vacuna y en la que causa la infección. Se obtiene menos inmunidad cuando ha ocurrido deriva antigénica apreciable en las cepas emergentes del virus, y la vacunación no proporciona protección cuando se produce una mutación antigénica mayor, a menos que la vacuna incorpore la nueva cepa. La vacuna se prepara en líquido alantoideo de embriones de pollo infectados, utilizando virus completos o subviriones, y se estandariza para proporcionar una masa antigénica específica de HA. Sin embargo, se están explorando otros métodos de preparación, entre ellos el uso de HA y NA purificadas a partir de proteínas obtenidas con técnicas de ADN recombinante. Recientemente se ha demostrado que las vacunas de virus vivos atenuados administradas por vía intranasal proporcionan inmunidad de un modo fácil y aceptable. Provocan la síntesis de anticuerpos secretorios específicos en la puerta de entrada del virus, y pueden ofrecer protección adicional a través de respuestas inmunológicas (p. ej., linfocitos T citotóxicos) inducidas por proteínas internas del virus.

La vacunación anual se recomienda para personas con enfermedades cardíacas y pulmonares, ancianas, con otras muchas enfermedades crónicas o que cuidan a pacientes en sus hogares o en el hospital. Puesto que los neumococos son una causa frecuente de neumonía bacteriana secundaria, una estrategia prudente y recomendada consiste en inmunizar también a los pacientes con riesgo alto de complicaciones de la gripe mediante vacuna antineumocócica (sólo una vez). Las mujeres embarazadas incluidas en algún grupo de alto riesgo, o cuando el tercer trimestre de gestación coincide con los meses de invierno, también se deben considerar candidatas a la vacunación contra la gripe.

Se recomienda la vacunación anual para mantener el título de anticuerpos y acomodarse a los cambios en las cepas prevalentes. La vacunación i.m. se debe administrar durante el otoño, de modo que el título de anticuerpos sea alto en los meses con mayor incidencia de gripe (desde noviembre hasta marzo en Estados Unidos). En personas con experiencia inmunológica previa, cabe esperar que la respuesta máxima a la vacuna se obtenga al cabo de unas 2 sem.

Con las vacunas de subviriones disponibles en la actualidad, las reacciones locales o generales son infrecuentes o menores y de breve duración. Los niños <13 años deben recibir vacunas de subviriones, ya que tienen menos efectos secundarios. Puesto que los niños han tenido menos oportunidades de contacto con virus de la gripe, se recomiendan una dosis primaria y otra de refuerzo (0,5 ml en niños de 3 a 10 años, 0,25 ml en niños de 6 a 35 meses) separadas un mes, a menos que ya hayan sido vacunados en años anteriores. En los adultos se pueden emplear 0,5 ml de vacuna de virus completos o de subunidades.

Volver a puntos clave    Fármacos antivíricos. La amantadina y la rimantadina son eficaces para la profilaxis contra la gripe A, pero no contra la B. Ambos fármacos se emplean a dosis de 100 mg v.o. 2/d. Para evitar los efectos adversos por acumulación, la dosis se debe reducir en los niños (5 a 8 mg/kg/d hasta un máximo de 200 mg/d de amantadina; 5 mg/kg/d hasta un máximo de 150 mg/d de rimantadina), en los ancianos (no más de 100 mg/d) y en pacientes con insuficiencia renal. La dosis de rimantadina también se debe ajustar en caso de disfunción hepática. Si el individuo tratado con amantadina o rimantadina no ha sido vacunado, debe recibir la vacuna; los fármacos antivíricos se pueden suspender 2 a 3 sem más tarde. Si no es posible administrar la vacuna, el tratamiento farmacológico debe continuar mientras dure la epidemia, de modo habitual durante 6 a 8 sem.

La amantadina y la rimantadina producen nerviosismo, insomnio y otros efectos sobre el SNC en alrededor del 10% de los pacientes. Los efectos adversos guardan relación con la dosis y son más frecuentes con la amantadina que con la rimantadina; suelen tener más importancia en los ancianos y en personas con enfermedades del SNC o insuficiencia renal. Es frecuente la resistencia a estos fármacos.

(c) Manual MERCK. Manual para médicos y estudiantes.